martes, 21 de diciembre de 2010

Tito y el Caimán


¿Te imaginas una aventura por ríos y lagos de la Amazonía peruana? En este cuento se relata la historia de Tito y Vero, compañeros de colegio que temerariamente buscan pescar un paiche. Asimismo, este libro nos invita a meditar sobre el peligro, la audacia, la valentía y la solidaridad de los jóvenes.

TITO Y EL CAIMÁN
Francisco Izquierdo Ríos                   
Tito era manco de la mano derecha. Sin embargo era el más travieso del pueblo. Un gran pendenciero: con el muñón golpeaba a medio mundo, nunca estaba quieto.
¡Manco! – le decían sus camaradas de la escuela en son de insulto, de burla, hasta que una tarde el maestro les relató en el patio la acción en que Tito perdió la mano.
Tito y Vero fueron a arponear paiche, ese pez gigante de los ríos y lagos de la Amazonía. Iban por el río en una pequeña canoa: Tito en la proa y Vero en la popa. Con los remos impulsaban la embarcación río abajo, pasando con velocidad de flecha en los sectores torrentosos. Debían pescar en un lago de selva adentro, donde había mucho paiche. Cuando llegaron al brazo de agua que une el caudaloso río con el lago, empujaron con todas sus fuerzas la canoa en esa dirección, entrando en él como por un canal; este canal era tan estrecho que las ramas de los árboles chicoteaban la canoa amenazando voltearla, igual que los troncos oscuros que cual lomos de enormes serpientes, sobresalían del agua.
            Tito y Vero eran expertos bogas. Con gran pericia sorteaban los peligros. De pronto un inmenso claro, lleno de luz, hirió sus ojos: era el lago que, bañado por el alegre sol mañanero, semejaba un descomunal espejo dentro del bosque. Una vez en el lago, los muchachos se aprestaron a pescar: Tito debía arponear y Vero manejar la canoa con el remo.
            La canoa se deslizaba suavemente por el lago al esfuerzo de Vero, mientras que Tito, arrodillado, con el arpón en la mano y a ras del agua iba atento para prenderlo en el lomo del paiche que se presentara. Pero inesperadamente un caimán sacó a Tito de la canoa, mordiéndole el brazo, y lo hundió en el lago. Vero se quedó de pie, con el remo en la mano, en inútil ademán de defensa. Junto a la embarcación se producían burbujas y cierto oleaje: señales de que Tito estaba luchando con el caimán en el fondo del lago, por lo que Vero no se separó de allí, su amigo podía flotar vivo o muerto.
            En efecto, Tito estaba luchando con el hambriento saurio, dentro del lago: Como buen buceador que es, contenía la respiración, frustrando la intención del caimán de ahogarlo para conducirlo luego a comérselo en la orilla. De repente Tito se acordó de lo que había oído en el pueblo: que el caimán suelta al hombre si este logra trizarle los ojos con los dedos. Le hundió los dedos en los ojos. El saurio, con el dolor, apretó las mandíbulas y le destrozó el brazo al muchacho. Tito salió a la superficie chorreando sangre, débil. Fue recogido en el acto por Vero.
            El caimán enfurecido y casi ciego, persiguió a los fugitivos. Vero hizo milagros de resistencia: remó, remó en dirección del río, salvando su vida y la de su amigo.
            “Ese es Tito”, terminó su relato el maestro, señalando al muchacho que sonreía satisfecho.
                                                                           Francisco Izquierdo Ríos   
                

        

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